—¿A que no presentas un libro en el autobús? —Sujétame el cubata.

Una vez quisimos presentar un libro en la librería Walden de Pamplona. El rechazo fue épico: basta de presentaciones, cada vez hay más gente escribiendo y todo el mundo quiere presentar y eso es imposible, hay que trabajar menos. ¡Chapeau! La mejor negativa que se ha dado jamás.

Pero claro, aquí somos de ese creciente grupo de gente que escribe y quiere presentar. Pero también somos conscientes que de tanto decir “libro sorprendente”, “afilada narrativa”, “ironía punzante” o “mordaz análisis”, además de otras loas y agasajamientos varios, las presentaciones están un poco desgastadas.

Así que la idea de Ainhoa para presentar Propuestas para una mejora ultrarracional de Madrid (que puedes conseguir aquí) resultó formidable: que fuera en el autobús 130. Y así lo hicimos.

(En realidad fue la segunda presentación. La primera había sido en la librería Derivas de Carabanchel, donde sometimos al público no a una charlita sino a tres actividades relacionadas con los garbeos que puedes ver aquí.)

Ocurrió de esta manera: el 16 de diciembre nos dimos cita unas 20 personas a las 12 del mediodía frente al primer cuartel de la Guardia Civil del mundo, ahora convertida en una expendeduría de diplomas universitarios falsos. Cuando nos montamos en el autobús, el que salía a las 12:30, una asistente intentó colarse: pensaba que todo era atrezzo y habíamos contratado el vehículo, conductor y extras que vestían y se comportaban de un modo extremadamente realista. Su sueño se rompió cuando el conductor le llamó la atención por no pagar. Pero ¡qué divertida anécdota!

Nuestra ruta comenzó con un pequeño avistamiento de Toldo Verde por Vicálvaro, hasta que entramos en la Avenida de la Democracia, una calle desolada y decrépita, repleta de descampados, edificios modernos y parques sin sombra. Luego entramos a Mercamadrid, una de las pocas experiencias offline que quedan, ya que sus calles no están registradas en Google Street View. También vimos la degradación a la que habían sido sometidas varias zonas chabolistas en Vallecas y Villaverde, como Torregrosa o la Celsa, desalojadas por Gallardón a finales de la década de 1990 para alimentar la burbuja inmobiliaria.

Tras una complicada incursión en la autopista y pasar por la rotonda más grande de España llegamos a Villaverde, donde avistamos más Toldo Verde. Nos apeamos y Pablo Arboleda, líder de los Amigos del Toldo Verde, nos lee unos pasajes de su próximo libro, dedicado a ese elemento característico del patrimonio español, ante la atenta mirada de las personas locales.

Luego visitamos varios iconos locales: empezamos por la estatua de la tortuga frente a la sede de la CNT, donde aprovechamos para hacernos una foto de grupo. ¡Pero éramos tantas personas que la tortuga no se ve!

Continuamos con los tres icónicos bares que el trapero local Bore homenajea en su canción Triángulo de fuego.

Luego comimos y bebimos en la peña madridista “La Saeta”, que garda un curioso secreto: ¡el encargado es del F.C. Barcelona!

Tras el descanso, los más aguerridos decidieron visitar más bares que nombra el Bore en su canción, pero estaban cerrados. Acabaron en… ¡Leganés!

En resumen, una jornada inolvidable que seguramente repetiremos en el 131 de Villaverde a Carabanchel. ¡Salud y sombra!

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