El libro que te hará ser de derechas (si no lo eres ya)

«Meme» fue candidata a palabra del año en 2014. Las instituciones reconocían así una nueva forma de información y creación que había irrumpido con fuerza con las redes sociales y sustituía al viejo PowerPoint que se enviaba por correo electrónico. La elegida fue finalmente «escrache», de la que nadie se acuerda ya; sin embargo hoy los memes constituyen la unidad básica de información en internet, ya sea con mensajes de buenos deseos, humorísticos o políticos.1

Formalmente, el meme nos recuerda a la vieja técnica dadaísta del collage, que en su día supuso una revuelta contra las reglas del arte. El collage abrió una peligrosa puerta: al desligar la técnica del hecho artístico hizo posible que cualquiera pudiera ser artista. Si hoy el collage dadaísta es tratado como arte, ¿se considerarán también arte el meme dentro de cien años?

Responder a esa pregunta nos lleva a la difícil cuestión de establecer qué constituye arte, qué lo diferencia de la artesanía, y por qué le damos un valor especial, cuestión que ha ocupado a críticos, filósofos y gente de a pie desde tiempos inmemoriales. Si preguntamos al mundo del arte nos devuelve una definición tautológica: arte es lo que el mundo del arte considera arte.2 El público, por su parte, se burla de las creaciones de arte contemporáneo y se alinea con la dicotomía que plantea Eduardo Galeano: «el arte, o es arte, o es basura».3 A su vez, en el ámbito de la filosofía las definiciones y axiomas son tantas como egos existen. No es posible abordarlas en este pequeño prólogo, pero pueden ayudar a establecer algunas características sobre el hecho artístico.

En primer lugar, formalmente la materia prima del arte son los símbolos,4 aunque su uso no es condición suficiente para que una obra tenga valor artístico. Han de ser empleados de manera novedosa o insospechada, de modo que se desvirtúen, se resignifiquen o se mezclen promiscuamente (détournement). Los memes presentados en Arte facha no son ajenos a este proceso: están cargados de resignificación simbólica, tanto consciente como inconsciente. Las tipografías desenfadadas, los corazones o los colores alegres, mezclados con circunspectos elementos franquistas, despiertan la pregunta de si se trata de un intento de acercar el régimen al usuario de redes sociales o simplemente del trabajo de alguien con el gusto estético atrofiado. Ocurre lo mismo con el uso del logo de Paypal en lugar del del Partido Popular (páginas 58 y 59), o de forma más explícita en los fotomontajes del rey Juan Carlos I en situaciones inverosímiles —como en un partido de voley-playa o un salto desde la estratosfera— por parte del carlista Mayl-Gu (páginas 164-170).

Este proceso de resignificación de símbolos constituye el núcleo fundamental del proceso artístico, según la teórica del arte Nicole Everaert-Desmedt:5 el alma sensible del artista se extraña ante lo real y lo convierte en posible.6 Esta construcción es, por definición, una experiencia personal y subjetiva, y su examen permite separar al artista del mero fabricante de arte: el primero sigue un impulso personal; el segundo está a merced de quien le financia, ya sean los reyes y obispos de antes o los ayuntamientos e instituciones de ahora. Estos mecenas marcan unos claros límites en el proceso artístico, de forma que la resignificación de símbolos sea puramente propagandística pero dé la apariencia de novedosa o revolucionaria, como ocurre en el ámbito publicitario. El artista a menudo necesita ser fabricante de arte para sobrevivir, pero ha de encontrar las grietas del delgado e insalubre equilibrio entre el arte y la vida, entre crear y comer, para poder producir arte.

Este proceso no es ajeno a los creadores que han imaginado las piezas de Arte facha. En primer lugar, no operan bajo las constricciones de ningún mecenas ni los caprichos del mercado, sino que están guiados por su propio impulso personal y, extrañados ante lo real, imaginan lo posible. Bien es cierto que las piezas recopiladas pueden resultar hilarantes o indignantes, pero ello solo contribuye a la construcción de la obra: el contenido verdadero del arte no debe buscarse en la técnica o la forma, nos recuerda Walter Benjamin, sino en la experiencia de quien contempla la obra en el presente.7 Es decir, el arte se consuma en su recepción.

En su mejor expresión, la resignificación de símbolos propia del arte causa desconcierto y sorpresa en el espectador despierto y le provoca preguntas similares a las que inspiraron al artista, aunque sea muchas veces con desagrado.8 A diferencia del fabricante de arte, el artista no puede esperar el aplauso de sus contemporáneos, pero se contenta con el pensamiento de que se dirige a un público mucho mayor: las generaciones venideras.9 Cuando tiene éxito, el arte es capaz de introducir ideas nuevas en el receptor y expandir su horizonte moral, propósito claramente presente en estas piezas. Debemos preguntarnos si, en última instancia, lo que nos causa extrañeza es la conclusión de la senda que marcaron los dadaístas cien años atrás: la ruptura definitiva de la distinción entre la élite artística y la ciudadanía —que en un solo día vierte en internet muchas más creaciones que todas las piezas de todos los museos—, y la desvinculación total entre arte y técnica.

Arte facha intenta acometer discretamente la descomunal tarea de comisariar el arte en internet. Las piezas del libro están ordenadas temáticamente, pero caben realizar distintas aproximaciones en las que apreciar las cualidades diferenciales de cada artista y a evaluar qué elementos extraños de tipografía o iconografía hacen a cada obra única y singular. Si el arte se consuma en su recepción, el lector que reacciona con estupor o carcajada contribuye a hacer de estos memes obras de arte – y a convertirse en conservador de paso. Si no es así, la editorial se compromente a devolverle el dinero.10


  1. La palabra meme fue concebida por Richard Dawkins, que la define en El gen egoísta (1976) como la unidad básica cultural que se transmite de persona a persona. ↩︎
  2. George Dickie: The art circle, 1997. ↩︎
  3. El libro de los abrazos, 1989. ↩︎
  4. «Una obra es una máquina de significar; se afirma simultáneamente la ausencia de significado y la necesidad de significar y en esto reside la significación de las obras» (Octavio Paz: Apariencia desnuda, 1973). ↩︎
  5. «Para el artista, el objetivo consiste en captar no lo real, sino lo posible (la primeridad). Para alcanzar este objetivo, el artista procede, en su obra, a la modificación del simbolismo preexistente y la elaboración de un nuevo simbolismo. La consecuencia de la tentativa artística es una nueva percepción de lo real, que resulta de un filtro simbólico modificado» (¿Qué hace una obra de arte? Un modelo peirceano de la creatividad artística, 2008). ↩︎
  6. Siguiendo la terminología de Kant, que considera que el criterio específico que permite definir el entendimiento humano reside en la facultad de distinguir entre lo posible y lo real (Crítica del Juicio, 1790). ↩︎
  7. «Las afinidades electivas» de Goethe (1919-1922). ↩︎
  8. El arte es siempre impredecible, heterodoxo, y en su mejor expresión tiende a ser incómodo» (Doris Lessing, Actitudes mentales no analizadas que el comunismo dejó a su paso, 1992). ↩︎
  9. Albert Camus, Crear peligrosamente, 1957. ↩︎
  10. Nunca te fíes de una promesa de mercadotecnia. ↩︎

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